Jacques Carelman, francés, marsellés y contemporáneo.
Pintor, escultor, ilustrador, escenógrafo y, fundamentalmente, autodidacta. Utiliza el humor creando. Inventa e imagina fusionando la lógica y el absurdo con gran sutileza. Deforma la realidad que todos conocemos. Divierte y se divierte

Nació en 1929 y desde 1956 vive en París donde comenzó realizando decorados para teatro e ilustraciones de libros. Sin embargo, es conocido en el mundo entero principalmente por su Catalogue d'Objets Introuvables (Catálogo de Objetos Imposibles), ideado y publicado en 1969 como parodia a un catálogo de venta por correo emulando el estilo del famoso Manufrance. Este trabajo (actualmente traducido a 17 lenguas) contenía más de 400 diseños que representaban objetos de la vida cotidiana reinterpretados hasta el límite del absurdo en cuanto a su función original. Luego del éxito inmediato e internacional logrado por el catálogo, Carelman fue invitado a exponer sus diseños en el Museo de Artes Decorativas de Paris y decidió realizar unos 60 objetos tridimensionales a partir de sus diseños. La primera muestra tuvo lugar en 1972 en el Pabellón Marsan del Museo del Louvre. A partir de ese momento, y sin interrupción, sus objetos han sido presentados en numerosos museos, galerías de arte, centros culturales, ferias y salones de Europa, Canadá, Estados Unidos, Latinoamérica y Japón. Su exposición continuó creciendo y enriqueciéndose y actualmente consta de cerca de 200 objetos tridimensionales y gigantografías de los diseños más divertidos no desarrollados.

La crítica francesa dio a la obra de Carelman la denominación de gag-art, en tanto sus obras son un engaño, una broma. El mismo lo explica cuando dice que "las actividades humanas son innumerables y variadas. Algunas devienen aviones, otras fondos públicos o una conversación. Yo, en lo personal, prefiero despojar a los objetos comunes de su uso corriente. Es menos peligroso, más honesto e infinitamente más divertido! Mis objetos, al contrario de los aparatos que nuestra sociedad de consumo venera, son perfectamente inútiles".

Pero no es sólo broma

Pero no es sólo broma, también es arte. Y por lo tanto no es casual y cada dato es significativo. Carelman es un hijo directo del Surrealismo, pero no demasiado obediente, ya que mientras los surrealistas ven las cosas desde un punto de vista irracional, Carelman las contempla como absurdas pero con cierta lógica interna. En otras palabras, el surrealismo es la anti-lógica mientras que en los trabajos de Carelman la lógica está puesta al servicio del absurdo. Paradójicamente debe potenciar la lógica, puesta al servicio del diseño, para convertir los objetos al absurdo, para lograr una mirada diferente y extremadamente creativa del mundo cotidiano. La mente humana está hecha a medida para decodificar el sentido del mundo. Si consideramos los objetos que constituyen nuestro entorno cotidiano vemos como éstos contienen indicios visibles de su funcionamiento y son proyectados para ser comprendidos. -Sólo que no será siempre así- parece decirnos Carelman quien nos brinda deliciosos ejemplos de objetos cotidianos que son deliberadamente inútiles.

Carelman forma parte también de varias "instituciones" ligadas a estos movimientos y su lógica. Es miembro fundador de OuPeinPo (Pintura Potencial) donde se desempeña como "Maesro de Ceremonias" aunque, extrañamente, se trate de una estructura no jerarquizada; también es Regente del Colegio de Patafísica, institución creada por Alfred Jarry (escritor y autor de teatro del absurdo) a principios del siglo XX. La Patafísica es la ciencia de las soluciones imaginarias, ciencia de lo particular, de la excepción (estando bien en claro que en el mundo no hay sino excepciones y que la "regla" es precisamente una excepción a la excepción). Es una ciencia que todos los hombres practican sin saberlo.

 

Puede uno imaginarse, querido Carelman, la agradable sorpresa que experimentaría Alicia, si volviera a este lado del espejo y descubriera en el Museo de Artes Decorativas el universo cuyos hechizos nos prodiga usted, ese mundo despojado de su sentido vulgar, objetos liberados de las imposiciones de la utilidad, productos de una sociedad refractaria a todo consumo salvo el metafísico.
Dejemos de lado, al comentar su obra, los lugares comunes de la paradoja. Nada más lógico que los derroteros de su pensamiento, ni más propio en nuestra época. ¿No se afirma, por ejemplo, que la bomba H, si se la desvía de su función inicial, asegura la paz del planeta? La verdad es que ninguna de las especulaciones que usted hace sobre las propiedades abstractas de la materia revela tanta insolencia. Sería poco modesto si no reconociera esto. Paréceme oportuno, querido Carelman, al rendirle homenaje con mi atenta simpatía, dar, a quienes no conocen sus obras, el consejo que a sus lectores da Maldoror: "Id a verlo vosotros mismos, si no queréis creerme".

René Clair